martes, 15 de junio de 2010

Memoria selectiva.

No me gusta nada mi memoria selectiva. Porque no selecciona y borra lo que yo creo conveniente, sino lo que ella quiere. Y eso no me parece bien, porque mi inconsciente elimina datos de mi vida que en un futuro puede que necesite.

Sería un alivio si lo que mi inconsciente borrase fuesen traumas, cabreos, pesares y demás sentimientos destructivos. Pero no. No recuerdo prácticamente nada de mi infancia a excepción de pequeños fogonazos de cosas muy concretas. Mi hermano mediano siempre me dice que a mi me formatearon el disco duro.

Es curioso ver cómo tu familia habla de personas que no recuerdas, de vacaciones en las que dices ¿pero yo he estado allí?. Ahora que a mis padres les ha dado por ver vídeos en vhs de las vacaciones de los noventa, me he dado cuenta de que fuí una niña mohina y petarda. Todo el día con el ¡¡mamaaaa!! en la boca. Como ahora, pero con menos culo.

A efectos prácticos, la selección de mi memoria es más preocupante en lo referente a los estudios. Que me pregunten algo de primero de carrera, que no tengo ni idea. Es un problema porque el día que quiera ejercer, me tocará echar un ojo a mis viejos manuales. Y también por orgullo, y tal. No me gusta tener esta memoria pez.

En cambio, puedo evocar sin dificultades el olor de las personas que amo aunque estén lejos. Incluso qué mirada me dedicaban cuando me decían algo importante.

Lo malo de todo esto, es que puedo perfectamente acordarme a la semana de frase sueltas de alguna conversación que en el momento me produjo un cabreo inmenso. Y que si en el momento de empezarle a dar vueltas al asunto, hubiese recordado esa frase, el cabreo no hubiese sido tan inmenso, o peor, ni siquiera hubiese sido.

Vale sí, se nota que mañana es mi cumpleaños.

(Acepto regalos)

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