jueves, 30 de septiembre de 2010

Las consecuencias de la guerra (sic)

No sé cómo habrán vivido la huelga de ayer. Yo la viví con estupor. Estupor porque esperaba más, mucho más. Caos, reivindaciones, piquetes en mi trabajo. Ná de ná. Lo de ayer no tuvo ni chicha ni limoná. Y se quedó en lo que yo dije, en agua de borrajas.

Aún no he mirado los periódicos, asi que no sé los baremos del seguimiento de la huelga. Puedo hablar por lo que ví en mi oficina, y ví a todo el mundo. Hasta los sindicalistas vinieron a trabajar. Y el piquete interesante y porculero que yo esperaba, se quedó en dos señoras con una pegatina de UGT en cada teta. Sería para llamar la atención.

Imagino que las pobres se tirarían todo el día mirando cómo la gente entraba y salía del edificio, porque claro, ante la poca presencia sindical, no se iban a poner a berrear ni a convencer a nadie para que no entrase a trabajar. Vamos, que fueron de muestra, pero poco más. Estoy pensando en hacer un grupo de Facebook con ellas de 'Señoras que...'

El metro funcionaba, y los autobuses también. La gente fue a trabajar, menos los que tenían miedo de los piquetes, pero dudo que haya gente (excepto los sindicalistas) que crean en quejarse contra una reforma que los mismos sindicatos firmaron. Los piquetes que ví por televisión fueron agresivos, demasiado. Quizás a tenor con la represión policial. Me recordaron al título de una canción de Doctor Deseo: "Destrozos, Promesas y Arrepentimientos".

Hemos sobrevivido, pero qué decepción.

2 comentarios:

  1. Mi profesor favorito de la facultad, un portento académico y pedagógico, usa muy a menudo esa fórmula, "sic".

    Aquí en Barcelona hubo algo más de movimiento. Y el seguimiento no fue despreciable. Pero en los tiempos que corren... una vaga es como hacerle cosquillas al sistema.

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  2. El sistema o hacemos que explote, o esto no sirve pa' ná.

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