Este sitio me trae muy buenos recuerdos. De una época en la que tenía tiempo para disfrutar de lo que más me gusta con la mejor compañía. Me llamó la atención su nombre, Las Fatigas del Querer. Fue como un chispazo, me sedujo sólo con el rótulo y la entrada. Y encima no se comía nada mal. No disponíamos de mucho tiempo para comer, como siempre, pero me 'enamoré' del lugar y de lo que significaba estar ahí con esa persona, que era mucho más importante que el plato que tenía delante.
Hace mucho que no voy a comer allí. Casi el mismo tiempo que no voy por esa céntrica zona, la plaza de Santa Ana, por la mañana. Nos hemos vuelto cómodos. Es lo que ocurre cuando el tiempo pasa, que nos asentamos. Pero aún quedamos personas con imaginación.
No sé si este post va sobre el restaurante en sí, o sobre lo que yo siento a través de él. Opinen ustedes mismos.
BIZCOCHO SIN AZÚCAR DE NARANJA Y HARINA DE ESPELTA
Hace 2 semanas

Está meridianamente claro: sobre lo que sientes a través de o con él. El encanto del lugar, pese a existir, es secundario.
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