sábado, 2 de octubre de 2010

La curva de tu brazo



No sé vivir si no vivo ahí.

Es un lugar apacible, tranquilo. Me invade la calma cuando mi cabeza reposa sobre su hombro, mientras mi pierna cruza su cuerpo. Mientras mi mano le acaricia. No sé vivir si no vivo ahí, durante unos instantes, a lo largo del día.

Mi cuerpo se ha adaptado a ese recoveco. Incluso cuando abrazo mi almohada después de un largo día, imagino que es él a quién toco. E instintivamente mi cuerpo se inunda del bienestar que da un lugar conocido, cómodo, al que volver cada día.

No sé vivir si no es en tu abrazo.

Mientras mis labios besan esa parte de su cuerpo. El principio de su axila, el brazo que me acoge, el pecho que se mueve al respirar. El corazón que late. Mientras mis dientes atrapan su piel. Leves mordiscos, no duelen. Son los míos.

No sé vivir si no te sueño. No sé vivir si no sueño.

Si no recuerdo tu abrazo.

4 comentarios:

  1. Hay pocos lugares tan acogedores, que puedan simbolizar y guardar tanta felicidad. Cuando se consigue uno... hay que saber conservarlo y disfrutarlo.

    ResponderEliminar
  2. Y vivirlo, y recordarlo, y sentirlo...

    Y añorarlo con dulzura, no con esa melancolía triste de los domingos :P

    ResponderEliminar